OBITUARIO

 

Dra. Carmen Pino Valdés

 

 

                    El 20 de julio del 2000 falleció en Santiago a la edad de 64 años la Dra. Carmen Pino Valdés, pediatra, ex Jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Regional de Punta Arenas, ex Presidenta de la Filial Punta Arenas de la Sociedad Chilena de Pediatría. Nacida en Antofagasta, estudió Medicina en la Universidad de Concepción, titulándose de médico cirujano en julio de 1961. Efectuó su beca de especialización en pediatría en el Hospital Roberto del Río.                                                                                                                               Llega a Punta Arenas en 1967, contratándose como médico pediatra del Servicio Nacional de Salud, para ejercer en el Hospital Regional y Consultorios Miraflores y 18 de Septiembre. Desde septiembre 1971 hasta su retiro, en 1995, fue Jefa del Servicio de Pediatría.

                     Estos fríos datos biográficos de ninguna manera trasuntan la enorme calidad humana y profesional de Carmen Pino. Entregada por entero a su profesión, no formó familia propia. Fue la más querida entre sus amigos y colegas, querida y respetada por todo el personal que durante tantos años colaboró con ella en el Servicio de Pediatría, y amada por sus innumerables pacientes-hijos. 

                    Jefa de cuanta jefatura de programa se le puso por delante, no por afán de fi- gurar, sino de servir. Permanentemente estimulando a sus colegas a estudiar y perfeccio- narse (en ello dando el mejor ejemplo), exigente como la que más, pasaba visita en las tardes escribiendo comentarios en las fichas con su letra casi ilegible, y corrigiendo las indicaciones médicas. 

                    Presidenta de nuestra Filial el período 1970 – 1971, organizó el Congreso Chileno de Pediatría realizado en Punta Arenas por aquellos años, el que culminó con un memorable asado en Fuerte Bulnes, en cuya preparación colaboraron hasta las religiosas que en ese tiempo desempeñaban labores de enfermería en el Hospital Regional. 

                   Postulada por nuestra Filial en dos oportunidades al premio Dr. Julio Schwarzenberg Löbeck, tal vez pecamos en no saber enfatizar sus méritos. Pero sin duda la misma Carmen fue cómplice de esta negligencia, puesto que su modestia y confeso de- sagrado por las distinciones le llevaron a negarse a colaborar en la elaboración de su cu- rrículum. Con su salud quebrantada, trabajó innecesariamente más allá de lo recomenda-do por sus médicos, sus amigos y la lógica. 

                    Culmino este modesto homenaje transcribiendo unas líneas redactadas por el Dr. Gianmario Passano y aparecidas en La Prensa Austral el día siguiente a su falleci-miento, que sin duda describen mejor de lo que yo pudiera hacerlo, la personalidad y valer de Carmen Pino: 

“Nos dejó hace ya algún tiempo. Partió a encontrarse con lo que ella sabía inexorable. Se fue callada, asumiendo su futuro con entereza y hasta orgullo. No quiso ni aceptó compartir su dolor, compañero inseparable de sus últimos años, con nadie.

Carmen perteneció a esa estirpe de médicos de elite que tanto prestigio y honra han da- do a la Patria.

Mucho debe la medicina magallánica de los últimos treinta años a su labor pionera en el desarrollo de una pediatría moderna, de alta calidad, eficiente y humana.

Numerosas de sus semillas intelectuales hoy florecen con galanura el Servicio de Pediatría del Hospital Regional.

Fue una Jefa de Servicio seria y ecuánime. Trabajadora tenaz, formadora de especialis- tas, aglutinadora dinámica de equipos de salud infantil, surgente cradora de pautas y normas de trabajo que conformaron los cimientos del alto nivel que ha logrado la Pediatría local en el ámbito nacional.

Lo hizo con lo que era ella: menuda y frágil, hormiguita infatigable, mujer de palabras cortas y corazón grande. Líder natural e indiscutible, sencilla, humilde y práctica.

En lo personal su aspecto adusto ocultaba su timidez y un interior suave, generoso y ul- tra sensible. Culta, viajera impenitente. Interlocutora siempre amena e inteligente.

Poseía una fina ironía y un especial sentido del humor.

No tuvo hijos propios, pero centenares ajenos, incluyendo los míos, conocieron de su ab- negación, conocimientos y dedicación. Irradiaba serenidad, confianza y fe. 

Su partida enluta y entristece no sólo a sus pares sino a toda la familia magallánica.

Te recordaremos con afecto Carmen, jardinera de niños. Dios te bendiga.

 

          ‘Todas las rosas son blancas, tan blancas como mi pena.

           Y no son las rosas blancas,es que ha nevado sobre ellas’.

                                                                                                              F.G.L.”

 

Dr. Matías Vieira G.

Secretario

Filial Punta Arenas

Sociedad Chilena de Pediatría